sábado, 12 de abril de 2014

Leer

Con plausibilidad en la realidad puedo entender que noche tras noche y día tras día puedo llegar a descubrir sentimientos, ideas de humanidad y aromas tan oníricos que solamente necesito escuchar para poder disfrutarlos. Tengo clase, tengo hora libre, creo que salgo, subo las pesadas escaleras de la biblioteca y encuentro el pasillo PN, me río un poco como niño infantil y mocoso. Encontrar tanta magia y desconocido, todo, como ratón de biblioteca, es solo cosa de quererla. Salgo apuntando mi cadena de libros que me llevaré a casa para querer terminarlos.

He leído de cine, pero me encuentro con la pequeña casualidad que no es cine lo que estoy leyendo, estoy leyendo pedazos de palabras compuestas para formar una noche la cual trataré de no dormir. Cada vez que lo hago, aunque sea unos 10 minutos, me siento como bulímico comiendo, con 5 no. Me sentiría estúpido escribiendo en esta hoja palabras como: la lectura que he podido degustar ha causado en mí un sentimiento intrínseco que sustituye la falta de lo que es ser y de lo que necesito en el tiempo-espacio de hoy.

Mejor puedo decir la verdad, y ésta es que cada vez que sabía que iba a leer otro libro de arte me sentía con el alma entumida y esperando la sorpresa. Al día siguiente mi alma estaba adormecida y mi cuerpo un poco anestesiado, lo único que no me gustaban eran mis ojos que se cerraban y se abrían al momento que recordaban que debía seguir. Realmente puedo decir que el libro que más me ha fascinado es el de Fellini, pues me enseña que el cine tiene que ser un desatino. Nunca me había divertido tanto en un libro y no había descubierto eso que buscaba en otra manera.  Fellini es tan divertido y me reía tanto. Acabé el libro la mañana siguiente no queriéndolo soltar y planeo no devolverlo a la biblioteca. Mi último libro de cámara y alma fue de Octavio Paz en su dedicación a Luis Buñuel, y sentía una extraña sensación de necesitar masturbarme con cada idea de espejo, de deseo y realidad. Extrañamente nunca logré un gran placer sexual pero me invadió una esencia cada vez que daba vuelta la hoja.

Entre tanto alboroto logré rescatar a Albert Camus en su revés, y fue quien me hizo pensar que necesitaba escribir y decir de una manera extrañamente anestesiada lo que he sentido estos últimos días. He pasado por Tarkovski, Kieslowski y sus películas mágicas a las tres de la mañana junto con Solaris, y es cuando llego a meter la mano al pantalón y todo lo hago en mi mente. Parece una enfermedad cuando llego a Sergei Einstein y su doctrina de hacer cine, su ciencia y su clara precisión en cada movimiento y en cada A B B C y puedo decir que cuando acabé el cine de éste me sentí una pequeña partícula en el espacio que no era nada comparado con la mente de EL ARTISTA. Cuando salgo de mi cuarto o de la sala de edición de la escuela leyendo mi libro, caminando tres cuartos para no caerme, siento que no quiero verme idiota y no lo hago porque no me siento, si me viera puede que me creyera un bueno para nada.

En medio de los días llegué a Veracruz y odié tanto no poder coger el libro y leer mas de una página, frustrado un poco disfrute del norte que llegó. Simplemente maravilloso.
La idea de espacio y de tiempo hacen que llegue a este lugar, ahora, escribiendo. De esas veces que tu mente tiene muchísimo y dices tan poco. Llevo tan solo 7 libros en la semana y lo peor de mi casa es mi cama, pues la montaña de libros impide mi descanso, aunque me encanta.



Esta amaneciendo, ¡tengo tantas ganas de leer! y no lo quiero hacer, se sus consecuencias.






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